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Conversaciones con la vaca. El inverosímil caso del poeta de la vaca

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[Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto] En Buenos Aires conocí un escritor argentino, muy excéntrico, que se llamaba Omar Vignole. No sé si vive aún. Era un hombre grandote, con un grueso bastón en la mano. Una vez, en un restaurant del centro donde me había invitado a comer, ya junto a la mesa se dirigió a mí con un demás oferente y me dijo en voz estentórea que se escuchó en toda la sala repleta de parroquianos: “¡Sentate, Omar Vignole!”. Me senté con cierta incomodidad y le pregunté de inmediato: “Por qué me llamas Omar Vignole, a sabiendas de que tú eres Omar Vignole y yo soy Pablo Neruda?”. “Sí”, me respondió, “pero en este restaurant hay muchos que sólo me conocen de nombre y, como varios de ellos me quieren dar una paliza, yo prefiero que te la den a ti”.

 vaca artista

Este Vignole había sido agrónomo en una provincia argentina y de allá se trajo una vaca con la cual trabó una amistad entrañable. Paseaba por todo Buenos Aires con su vaca, tirándola de una cuerda. Por entonces publicó algunos libros que siempre tenían títulos alusivos: Lo que piensa la vaca, Mi vaca y yo, etc., etc. Cuando se reunió por primera vez en Buenos Aires el congreso del Pen Club mundial, los escritores presididos por Victoria Ocampo temblaban ante la idea de que llegara al congreso Vignole con su vaca. Explicaron a las autoridades el peligro que les amenazaba y la policía acordonó las calles alrededor del Plaza Hotel para impedir que arribara al lujoso recinto donde se celebraba el congreso mi excéntrico amigo con su rumiante. Todo fue inútil. Cuando la fiesta estaba en su apogeo, y los escritores examinaban las relaciones entre el mundo clásico de los griegos y el sentido moderno de la historia, el gran Vignole irrumpió en el salón de conferencias con su inseparable vaca, la que para complemento comenzó a mugir como si quisiera tomar parte del debate. La había traído al centro de la ciudad dentro de un enorme furgón cerrado que burló la vigilancia policial.

De este mismo Vignole contaré que una vez desafió a un luchador de catch-as-can. Aceptado el desafío por el profesional, llegó la noche del encuentro en un Luna Park repleto. Mi amigo apareció puntualmente con su vaca, la amarró a una esquina del cuadrilátero, se despojó de su elegantísima bata y se enfrentó a “El Estrangulador de Calcuta”.

omarviole

Pero aquí no servía de nada la vaca, ni el suntuoso atavío del poeta luchador. “El Estrangulador de Calcuta” se arrojó sobre Vignole en un dos por tres lo dejó convertido en un nudo indefenso, y le colocó además, como signo de humillación, un pie sobre su garganta de toro literario, entre la tremenda rechifla de un público feroz que exigía la continuación del combate.

Pocos meses después publicó un nuevo libro: Conversaciones con la vaca. Nunca olvidaré la originalísima dedicatoria impresa en la primera página de la obra. Así decía, si mal no recuerdo: “dedico este libro filosófico a los cuarenta mil hijos de puta que silbaban y pedían mi muerte en el Luna Park la noche del 24 de febrero”. 

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* Conocido como Pablo Neruda. Tomado de "Confieso que he vivido".1974.

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