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Elecciones de Costa Rica 2014: ¿una copia de 1966?

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Homer Dávila

Luego de la segunda ronda electoral de Costa Rica, la cual dio como resultado la victoria de los que no desean un gobierno del PLN o el PAC, el Tribunal Supremo de Elecciones, concedió la primer magistratura del país al segundo lugar en cuestión. El ex liberacionista Luis Guillermo Solís Rivera del Partido Acción Ciudadana; será por cuatro años, la cabeza del ejecutivo; hecho que pone en evidencia grandes similitudes entre el proceso electoral 2014 y el del año 1966.                                   
Los politólogos suelen decir que en política nada es coincidencia. Y más aún cuando lo que está en juego es el poder y el dinero del pueblo.
Ya habíamos tratado en artículos anteriores, de que el principal elemento que alertó a los círculos neoliberales del país, de que podrían sufrir un revés electoral, fue el crecimiento de la izquierda costarricense encabezada por el joven José María Villalta y el Partido Frente Amplio, el cual desde octubre de 2013 se empezó a catapultar como la principal opción para realizar un cambio de rumbo en torno al sistema económico y social del país; el cual en los últimos 30 años ha girado hacia el noeliberalismo y hacia lo que hemos llamado, “la política del sálvese quien pueda”.
La izquierda de Villalta generó suma preocupación en la clase política tradicional, quienes estuvieron durante meses, bastante temerosos de ver perdido sus privilegios.
Ya es sabido por todos que para aplacar el crecimiento y destruir la campaña de Villalta, los neoliberales costarricenses emplearon la “campaña del miedo”, al mejor estilo de la “Estrategia para dominar a un pueblo” del Nazi, Paul Joseph Goebbels.
José Joaquín Trejos Fernández. Presidente de Costa Rica. 1966-1970.La retórica en cuestión fue buscar provocar una confrontación ideológica (similar a la de 1966), aterrorizando a la población, para que surgiera en ellos, el sentimiento “anticomunista”, gracias al cual se relacionó a José María Villalta no solo con ser comunista, sino además por crear relaciones ficticias entre éste y los líderes latinoamericanos de la izquierda, como Fidel Castro, Hugo Chávez y hasta con Daniel Ortega; recurso que se hizo célebre en el país centroamericano, con aquel llamado “Memoraundun del miedo” del Vicepresidente Kevin Casas y Fernando Sánchez durante el segundo gobierno de Óscar Arias.
La desinformación y campaña del miedo fue tan intensa, que para ello contó con la ayuda de los medios de comunicación tradicional, quienes apostaron a hacer ver mal a Villalta, hasta en el propio día de las elecciones. Hecho que quedó demostrado en una transmisión en directo de canal 7, cuando el periodista de sucesos Álvaro Sánchez le preguntó a un vecino de la provincia de Limón si a pesar de los “cuestionamientos” que se le hacían a José María Villalta, éste iba a votar por él.
Tan agresiva fue la campaña, que las posibilidades de que la izquierda gobernara Costa Rica, se desinflaron el 2 de febrero.
Como los neoliberales no podían triunfar en primera ronda con su candidato Johnny Araya Monge, se procedió a inflar a un desconocido. Un desconocido que a semana y media antes del día de la elección, aparecía en cuarto o quinto lugar en la intención de voto.
¿Cómo fue posible que un partido que ya estaba desfinanciado a quince días de las elecciones, lograse alcanzar el primer lugar? Esto sólo es posible entenderlo, si comprendemos que la estrategia fue desplazar a Villalta y colocar a dos candidatos de diferentes partidos que representan el mismo modelo económico. Así como también, tras analizar la historia de los hechos políticos del país desde el año 2000 a la fecha.

Similitudes

La elección de Solís Rivera no tiene por qué causar asombro ni tampoco alegría en la población. Ya en 1966 sucedió algo similar, por no decir, que la elección de 2014 es casi un “calco” moderno.
Para 1966, el entonces Partido Republicano Nacional del Dr. Calderón en coalición con el Partido Unión Nacional del también ex presidente Otilio Ulate Blanco, llevaron a la presidencia a un completo y absoluto desconocido; el profesor José Joaquín Trejos Fernández, quien sin mucho esfuerzo llegó a desbancar al candidato del Partido Liberación Nacional, Daniel Oduber Quirós.
El 6 de febrero de 1966, el llamado CUN (Coalición Unificación Nacional) obtuvo el 50.5% de los votos válidos y el restante 49.5% fueron para el Partido Liberación Nacional.

Luis Guillermo Solís Rivera celebra el segundo lugar que le permite ser el Presidente de Costa Rica para el período 2014-2018. Fotografía: Luis Alvarado.
Sin embargo, con respecto al Poder Legislativo, el PLN logró obtener 29 diputaciones, mientras que el partido de Trejos Fernández tan solo 26. Es decir, al igual que en 2014, el partido del Poder Ejecutivo fue minoría en la Asamblea Legislativa de ese entonces.
Una gran “coincidencia fortuita” entre ambas elecciones, es que en la reciente elección 2014, la Asamblea Legislativa dio como resultado 18 diputaciones para el PLN, y 13 diputaciones para el PAC.
Otro dato de interés, es que al igual que Solís Rivera, Trejos Fernández fue un profesor de colegio y de universidad, el cual tuvo “tibias” incursiones en el mundo de la política. Y fue expuesto ante la opinión pública como un académico serio, respetable; pero del cual no se sabía mayor cosa.
Mientras que Solís fue Secretario General del PLN y Jefe de Gabinete gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, y llegó a ser electo Presidente gracias al apoyo de los ex presidentes Oscar Arias, Abel Pacheco y también con la “bendición” de una parte de la familia Figueres; Trejos lo hizo con el apoyo de los ya mencionados.
¿Es posible que todo esto sea una simple y llana coincidencia? Como bien sabemos, la historia suele ser cíclica, y aún más cuando se trata sobre regímenes del poder.
No es posible sustraernos de la realidad histórica, para caer en el anacronismo de la realidad inmediata. Todo lo que hoy sucede, está relacionado con el pasado. Y en el caso de la elección de Solís Rivera, se muestran muchas pruebas de que el proceso electoral de 2014 no pasó de ser tan solo un “calco” del año 1966.
De forma tal, que el modelo de “desarrollo” tico seguirá intacto por cuatro años más. El neoliberalismo seguirá siendo el camino que los costarricenses han escogido. Ese mismo que ha arrojado a cientos de miles de ticos a la pobreza y aumentado la desigualdad en el ingreso; así como el desempleo, la devaluación del colón y la inflación.

¿Hay algo que celebrar?

De forma somera, se podría catalogar como una “pequeña victoria”, el triunfo de Solís Rivera; pues ello supone la “hibernación” por cuatro años de la dirigencia del PLN.
Victoria que es tomada por los costarricenses como un encuentro de fútbol; ya que el tico “promedio”, es una persona que en temas de política exhorta un grado de ignorancia y olvido histórico muy alto, tan solo equiparable con el aficionado de fútbol; de ahí que muchos de los votantes de la segunda ronda, fueron arrastrados a las urnas no por una fuerte convicción, sino porque necesitaban sentirse parte de algo. Aún así, los que no votaron, fueron y son mayoría.
Jamás los resultados de esta segunda elección pueden ser tomados como una victoria consumada y completa, ya que la cuna del PAC es y será el PLN; tanto así, que sus miembros nacieron, crecieron y se desarrollaron en el partido de las barras, verde y blanca.
¿Quién podría celebrar la elección de un gobierno que está poco legitimado tras un abstencionismo que supera los votos recibidos para el candidato ganador?
Por lo pronto, algunos seguirán soñando en el momento en que los políticos de turno, no sean como aquel personaje llamado Miguel de Tellagori, descrito por Pío Baroja, el cual mantenía ocultas unas máximas que regían su vida:
“cada quien que conserve lo que tenga, y que robe lo que pueda”.
Existirán costarricenses que aún celebren el fin del Bipartidismo; aunque éste jamás se haya dado, ya que el Partido Unidad Social Cristiana fue sustituido por el PAC, quien promete ser, una versión moderna del PLN.
Mientras tanto, los costarricenses seguiremos bajo la política del “sálvese quien pueda” y una vez más, el tico promedio seguirá creyendo en aquella conocida frase: ¡VIVA LA DEMOCRACIA DE COSTA RICA! ¡VIVA!

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