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Refugio NAZI

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rolando hanglinRolando HanglinDiscurso de Mr. Winston Churchill, premier inglés, ante la Cámara de los Comunes, pronunciado el 2 de agosto de 1944: "Ustedes me permitirán que, como inglés, piense por un instante en otro país. Es una nación sudamericana, con la cual tenemos íntimos lazos desde su nacimiento a la libertad y la independencia. Me refiero a la Argentina. Todos sentimos profunda pena y gran angustia, como amigos de la Argentina, ya que en esta época de prueba para las naciones ha elegido el mal. En lugar de alinearse con los partidarios de la Libertad, ha optado por coquetear con el mal. No sólo eso: con el bando perdedor. Y esta no es una guerra pequeña, de aquellas que admiten, después de terminadas las hostilidades, olvidarlo todo y perdonarlo casi todo. No. Esta es una guerra en la que cada cual será juzgado por su conducta. No sólo los beligerantes, sino también los neutrales".
En aquellos tiempos, precisamente, la Argentina era neutral. Algo más práctico que Churchill, el coordinador de Asuntos Interamericanos, Mr. Nelson Rockefeller, se hizo cargo de las relaciones con Buenos Aires el 30 de noviembre de 1944. Como observador sagaz que era, captó rápidamente que la Argentina no era un país fascista sino "algo especial" y que la popularidad del vicepresidente Juan D. Perón (el presidente era Edelmiro J. Farrell, descendiente de irlandeses, detalle que agradaba a los americanos) aumentaba día a día. De modo que Rockefeller puso en la balanza distintos elementos: las inversiones alemanas en la Argentina, la presencia de una colectividad de ese origen muy respetada, los antiguos vínculos de Inglaterra con Argentina, el horizonte de inversiones que podría ofrecer USA a una nación sudamericana, y el inminente desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Prefirió tomar las cosas con calma.

El 27 de marzo de 1945, cinco semanas antes de la rendición alemana, la Argentina declaraba la guerra al Eje y dejaba de ser neutral. ¿Suficiente para merecer la confianza de Francia, Inglaterra y USA?

Según los estudios de Jorge Castro, no puede afirmarse que Juan Perón perteneciera al bando fascista, ya que cuando nacionalizó los ferrocarriles británicos, los bautizó con los siguientes nombres: José de San Martín, Julio A. Roca, Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Justo J. de Urquiza y Manuel Belgrano. Todos estos nombres pertenecen al panteón liberal. Si hubiera deseado enviar alguna señal de corte nacionalista, Perón habría elegido los nombres de Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga o Manuel Dorrego. Nada de eso. Porque, según sostiene el Dr. Castro, Perón pertenecía al ala liberal en la movida cívico-militar de Uriburu y Justo, conocida a partir de 1930.

Bariloche. Fotografía: H. Dávila

El caso es que la Argentina quedó catalogada como nación amiga del fascismo. En su libro "Odessa al Sur" (Argentina como refugio de nazis y criminales de guerra) el historiador argentino Jorge Camarasa registra impactantes detalles de este vínculo histórico. Digamos: así como Argentina mantuvo con Inglaterra la amistad comercial más íntima del Siglo XIX (ver H.S. Ferns) entre dos naciones independientes, también debe decirse que, desde 1930 hasta nuestros días, nuestro país ha mostrado una notoria inclinación hacia los regímenes autoritarios. En la posguerra mundial, Alemania e Italia. En la década del 70, Cuba y la Unión Soviética, notoriamente esta última, principal socia comercial de nuestro país durante el proceso militar. Cabe recordar que el principal enemigo de los dictadores militares fue el presidente americano Jimmy Carter, flanqueado por su secretaria de Derechos Humanos, Mrs. Pastricia Derian.

El caso es que la Argentina volvió a la democracia después de la derrota militar en las Malvinas (1982) y se sucedieron los gobiernos elegidos por el pueblo con más o menos suerte: Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner, todos legales.
El notable libro de Camarasa registra con detalle la labor de una organización poderosa, desde Alemania, con la posible conducción oculta de Martin Bormann. En el mismo instante en que Adolf Hitler, Josef Goebbels y otros jerarcas nazis recluidos en el Bunker de Berlin (situación retratada por el film "La Caída") analizaban cuando y cómo habrían de pegarse el tiro del final, los amigos de Bormann, con profundas raíces en la cancillería alemana, organizaban una mecánica para facilitar la fuga de los nazis, cuya derrota era inminente, la inversión de grandes depósitos realizados durante el régimen, la compra de empresas en el extranjero y la escapada física de los militares que serían juzgados por crímenes de guerra. Todo esto (dinero, personas, recursos) serviría para la fundación del Cuarto Reich en el futuro.

A fines de 1948, llegó al Río de la Plata el ex oficial de las SS alemanas Erich Priebke. Venía de Génova en un carguero llamado San Giorgio, acompañado por su esposa Alice Stoll y sus hijos Ingo y Jorge. Su pasaporte lo denominaba "Otto Pappe". Este hombre pasaría en la Argentina 47 años de tranquilidad, edificando en Bariloche la imagen de un vecino ejemplar, muy apreciado por la colectividad alemana.

Erich-Priebke-MinisterioGEl es capitán de la SS, Erich-Priebke, dice adiós antes de ingresar al avión que lo llevara desde Bariloche, Argentina, hacia Itlalia para enfrentar un juicio. 20 de noviembre de 1995.

Las investigaciones de Camarasa señalan que el obispo austríaco Alois Hudal desempeñó un papel vital en la evacuación de la cúpula nazi. Casi todos ellos emigraron de forma subrepticia, con sotana u otra caracterización que los relacionara con el Vaticano. Los jefes militares y burócratas alemanes, una vez concretada la fuga, procedían a conectarse con las sociedades y empresas fundadas por el Tercer Reich en el mundo bajo nombres ficticios: eran en total 750 sociedades, de las cuales 112 en España, 98 en Argentina y el resto entre Paraguay, Portugal, Turquía, Ecuador, Uruguay, Brasil, Venezuela, Bolivia. ¡y 214 en la flemática y humanitaria Suiza!

Camarasa relata que Erich Priebke lo recibió en su departamento de Bariloche, el sábado 7 de mayo de 1994. Era un hombre alto (1,85m) de modales educados y muy buena pinta. Con ojos grises, fríos. ¿Qué había hecho este hombre en las Fosas Ardeatinas de Roma, su amada Roma? Lo dejamos librado a la lectura o imaginación del lector, lo mismo que el atentado de la vía Rasella y otros pormenores que, sin duda, el lector no quiere conocer. Pero si lo desea, es fácil de encontrar.
Una vez radicado en Bariloche con su familia (1954) Priebke se hizo conocido con el apelativo de "Don Erico", ya que no se sabía bien si era alemán o italiano. Su vida transcurría sin hablar una palabra en castellano. Por la calle saludaba al médico de Auschwitz, doctor Josef Mengele. También al ex piloto de la Lutwaffe, Hans Ulrich Rudel. Participaba en los torneos de esquí del Club Andino. Charlaba, eventualmente, con el financista Ludwig Freude, amigo de Perón, que tenía una casa camino al Llao Llao. El gran maestro de la "solución final", alma caritativa, don Adolf Eichmann, pasaba algunas vacaciones allí, invitado por algún amigo. El exgobernador nazi del Tirol austríaco, don Friedrich Lantschner, también andaba por allí.

Todos los 20 de abril (cumpleaños de Hitler) estos hombres y otros, alemanes, croatas, argentinos, se reunían en el último piso del hotel Colonial, en las habitaciones que ocupaba Hermann Wolff, dueño del restaurant El Jabalí.

Pasaron los años. Priebke fue detenido, encarcelado y finalmente murió. Su familia se encuentra aún en la Argentina, procurando cambiar de apellido.

Todos los viejos vecinos de Priebke, el agente de inteligencia Juan Maler, el oficial de las SS Max Naumann, el banquero nazi Carlo Fuldner y otros oficiales de las SS o la Gestapo como Ernst Hamann y Winfried Schroppe, viejos socios del Club Alemán, ya no están allí.

El país entero mira para otro lado, escondiendo las pruebas, y declara: ¡Yo, argentino!

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