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Indios de Puriscal

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villas-mastatal[Alexander Molina] En 1927 en Mastatal los indios vivían cruzados con cholos. Para la india el amor era quedar embarazada, “de mujer normal que fornica con normal”; le conceden al amor sólo lo indispensable “las ancas y el sexo”. Existía la prostitución, que practicaban hasta las menores “la menor que se acuesta a las orillas del sendero por un colón”. El indio come y duerme poco. Después de seis horas de trabajo en los desmontes, he aquí lo que se come: un gallo de tortilla y frijoles. La ración primero la recibe el padre, luego los hijos y cada cual se la lleva y va a tragársela detrás del rancho, o bien, si llueve, en un rincón del corredor.
En cuanto a la mujer y a las hijas, tienen mucha honra el que jamás se les ve en los trajimes de comer. Mascan a brincos una tortilla o algunos frijoles, antes de que los hombres lleguen o cuando se han ido.
El indio es devoto y meloso, y si sabe leer algo, es insoportablemente vanidoso. Además los indios tienen sus propios sacerdotes, notarios y médicos. Ellos organizan las fiestas, juzgan los tratos y curan las mordeduras de serpientes. Si un paciente se les muere “se hartan durante tres días a costilla del muerto”. También como en toda sociedad nunca falta el ladrón, “y por la noche arrastrándose en la maleza, viene a robarme mis tiquisques y papayas”.

mastatal

Para el indio es muy malo comer la cabeza del mono, peor si se la comen, lo hacen sin volverla a ver y brotan lejos el cráneo casi humano y secan las manos en el perro.
Una de las costumbres raras del indio es el escupir. Escupen “con regularidad y frecuencia desesperante”. Nombres, niños, fumen o no, trabajen o dancen, todos escupen y vuelven a escupir sin que se pueda conjeturar la causa”.
Otra característica es que el indio siempre se anda con rodeos para decir algo “vienen, se sientan a la puerta del rancho, miran, canturrean, se sacan una nigua, y al cabo de medio día se atreven a explicar el propósito de su visita”.
Además son sumamente supersticiosos. Usan el azogue como arma en el enamoramiento. Basta colocarlo en el lecho “de la bien amada y sin darse cuenta, el mercurio hace que se torne en la más dócil de las desposadas, la criatura más rebelde”.
Son felices viviendo junto con los cerdos, gallinas, terneros y vacas. Todos ellos se meten al cuarto.
He aquí algunas recetas indias: “me causa el dolor en la ingle, un callo del pie que he desollado”. El remedio es “fumar mucha cachimba con el único fin de que, terminada la pipa, pudiera colocármela caliente en el bolsillo de pantalón, en el sitio justamente en que el dolor se siente”.
El reumatismo: metían papas en los bolsillos. “Al cabo de quince días mi reumatismo había desaparecido”.

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