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El encuentro y el pedestal

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[OSHO] Mi primer contacto con Morarji Desai exactamente es esa situación. Uno de los grandes monjes jainistas – grande para los jainistas, no para mi; para mí es la persona más falsa que puedas encontrar, de hecho, me resulta difícil compararlo con otra persona falsa, ganaría a todos – había convocado una conferencia religiosa. Era su celebración anual, el cumpleaños de su fundador. Morarji Desai era el invitado. Yo también. Había por lo menos veinte invitados de toda la India, de todas las religiones, de todos los camps del saber y de la ideología, y al menos cincuenta mil seguidores de Acharya Tulsi.

Antes del encuentro, Acharya Tulsi felicitó a los invitados, a aquellos veinte invitados especiales. Debió de ser hacia 1960, en un pequeño y bello lugar de Rajastán, Rajsamund. Tiene un lago maravilloso, tan grande que por eso se llama Rajsamund. Samund en rajastani significa «ccéano» y raj significa «real». Es tan bello que el nombre le encaja perfectamente. Es un océano real, realmente imperial. Tiene olas casi tan grandes como las del océano. Es el único lago en el que no puedes ver la orilla.

Nos convocó para que nos encontráramos – antes de que fuéramos y habláramos ante aquellas cincuenta mil personas que se habían congregado allí - , solo para presentarnos, y porque él era el anfitrión que nos había invitado. Pero desde el principio hubo problemas.

El problema era que él estaba sentado en un pedestal muy alto y todos los invitados estaban sentados en el suelo. A nadie le importó eso, excepto a Morarji Desai, el político. Era el único político entre aquellas veinte personas; había un científico, D.S. Kothari, que era el Presidente de la Comisión India para la Energía Atómica, otro era un rector...

Aquellas personas procedían de diferentes campos, pero para ellos no había ningún problema.

Morarji dijo:

- Me guataría comenzar esta charla. -Estaba sentado a mi lado. Ninguno de los dos sabíamos que estaba a punto de comenzar una amistad que duraría toda la vida-. Mi primera pregunta es que tú eres el anfitrión y nosotros los invitados. Los invitados están sentados en el suelo y el anfitrión en un pedestal muy alto. ¿Qué modales son esos? Si estuvieras celebrando un mitín sería comprensible que estuvieras en un lugar más alto para que las personas pudieran verte y escucharte. Sin embargo, aquí solo hay veinte personas, y no estás dando un mitín, solo charlando, solo presentando a cada una de las personas ante los demás antes de que comience la conferencia, la auténtica conferencia.

Acharya Tulsi no sabía qué hacer. Habría sido muy fácil para una persona realmente religiosa bajarse y pedir perdón diciendo: «Realmente ha sido un fallos estúpido por mi parte». Sin embargo, no se movió de su sitio. En vez de eso le dijo a uno de sus discípulos principales, que ahora se había convertido en su sucesor, Muni Nathmal:

- Contesta tú.

Muni Nathmal estaba aún más nervioso, ¿qué podía decir? Morarji Desai era en ese momento el Ministro de Economía de India, y por eso lo habían invitado. Estaban realizando muchos esfuerzos para crear una universidad dedicada al jainismo, y él era el hombre clave. Si él quería, no habría ningún problema de financiación. Muni Nathmal le respondió:

- No se trata de un acto de descortesía hacia los invitados, simplemente forma parte de nuestra tradición que el jefe del grupo religioso se siente en el lugar más elevado. Nos limitamos a seguir esa convención, no tiene ninguna lectura. No tratamos de insultar a nadie por eso.

Morarji no es el tipo de persona que se queda satisfecho con esas respuestas.

- Nosotros no somos discípulos, tú no eres nuestro dirigente. - dijo-, Ninguna de las veinte personas que están aquí te reconoce como maestro o representante. Puedes sentarte en el pedestal, pero nosotros somos invitados. En segundo lugar, te proclamas a ti mismo un santo revolucionario, de modo que ¿por qué te apegas a una convención, a una tradición tan descortés, tan inculta?

Esa era una de las afirmaciones de Acharya Tulsi, que era un santo revolucionario.

Nathmal se quedó en silencio, Acharya Tulsi se quedó en silencio, el resto de invitados comenzaron a sentirse un poco incómodos; no era un buen comienzo. Yo le pregunté a Morarji Desai:

- No es asunto mío, y no me preocupa en lo absoluto, pero, dada la situación, ¿le importaría que le respondiera yo? Es simplemente para comenzar la conversación, para que este grupo no finalice en una situación incómoda.

- Lo que me interesa es la respuesta. Sí, puede responder – dijo.- 

- Varias cosas: en primer lugar – empecé -, usted no está sólo, hay otras diecinueve personas. Nadie más ha hecho esa pregunta. ¿Por qué ha sido usted el único en preguntarlo? A mí no se me había pasado por la cabeza. - Y pregunté a los demás - : ¿Se les había ocurrido a ustedes? Si no se les había ocurrido, por favor levanten la mano.

- Los dieciocho levantaron la mano para mostrar que no se les había ocurrido.

- Usted es la única persona que se ha sentido ofendida – le dije a Morarji -. Debe de tener una herida, debe de sufrir un complejo de inferioridad; es usted un caso psicológico. Usted mismo puede verlo; conocer perfectamente al profesor D.S. Kothari, porque es el Presidente de la Comisión de Energía Atómica de la India, conoce a todas las demás personas importantes; nadie se ha molestado. ¿Qué más da?.

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Osho, circa 1985.

-¿Ve aquella araña que está caminando or el techo? Está más alta aún que Acharya Tulsi. ¿Acaso por el mero hecho de estar en una posición más elevada se vuelve uno más importante? Pero hay algo que a usted le duele. Tiene una herida que no ha curado ni siquiera con ser Ministro de Economía de la India. Le gustaría ser un día el Primer Ministro de la India.

- ¿Me está llamando enfermo mental? - Preguntó, muy enfadado.

- Exactamente – le respondí -. ¿Para qué levantaron las manos estas dieciocho personas? Me están apoyando, están diciendo: «Éste hombre parece tener un ego muy vulnerable, tambaleante»; no es más que un monje que está sentado un poco más alto que usted, y eso a usted le molesta. Supongamos, por ejemplo – añadí-, que Acharya Tulsi le invita a que se siente con él en ese elevado pedestal... - Y déjame que te diga que a pesar de ello Acharya Tulsi no lo invitó-. Por ejemplo, si lo invita y usted estuviera en el pedestal ¿preguntaría lo mismo a favor de estas pobres dieciocho almas que están sentadas en el suelo? ¿Se le ocurriría preguntarlo?

- No lo he pensado – confesó-. Quizás no, porque en cientos de encuentros y conferencias he estado sentado en un pedestal alto y no ha surgido esa pregunta.

- Eso deja claro que no se trata de por qué Acharya Tulsi está sentado en un lugar más elevado que usted – afirmé -. Se trata de por qué usted está sentado en un lugar inferior a Acharya Tulsi. Cambie la pregunta por «¿Por qué estoy sentado en un lugar más bajo que Acharya Tulsi?», eso es lo que debería haber preguntado. Habría sido más auténtico. Está proyectando su enfermedad en otra persona.

Sin embargo, quizás esa persona esté tan enferma como usted, porque si yo estuviera en su lugar, para empezar, no me habría sentado allí, si yo fuera el anfitrión y ustedes mis invitados. En segundo lugar, si por casualidad, por alguna coincidencia lo hubiese hecho, en el momento en que me hubiera hecho usted esa pregunta me habría bajado. Esta habría sido mi respuesta: “No importa; no es más que una convención nuestra y olvidé que son ustedes mis invitados, porque con mis invitados solo me encuentro una vez al año, pero con mis discípulos me encuentro todos los días. De modo que perdóneme y emmpecemos ésta charla para la que nos hemos reunido”.

Sin embargo, no ha bajado. No ha tenido valor. Está sentado ahí como muerto, casi sin respirar del miedo que tiene. No tiene la respuesta; le ha dicho a su secretario que le respondiera a usted. No tiene la respuesta que le ha hecho, sobre la que también guarda silencio, es que se proclama a sí mismo un santo revolucionario. Ni es un revolucionario ni es un santo, de modo que ¿qué le va responder? Péro a mi lo que me preocupa básicamente no es él, sino usted. Esta es la mente política, que siempre está pensando en términos de alto y bajo, en términos de poder.

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