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Sacrificios humanos por parte de indígenas de Costa Rica. Primera Parte.

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   Homer Dávila Me había propuesto escribir sobre este tema hace muchos años atrás, aún cuando me sumergía tardes enteras en la biblioteca Carlos Monge Alfaro de la UCR en búsqueda de documentos y relatos sobre el fascinante mundo de la historia colonial. Sumo a ello las múltiples horas que invertí investigando y leyendo las fuentes documentales en el Archivo Nacional de Costa Rica sobre diversos temas de la época.
Al poco tiempo había conocido los increíbles volúmenes de la hoy poco conocida Documentos para la Historia de Costa Rica de León Fernández, posteriormente  acabados por Ricardo Fernández Guardia (hijo de León y llevado a ésta obligación gracias a la repentina muerte de don León de forma traicionera).
Pue bien, entre tanta fuente documental y tantos libros de historia sobre esta increíble época, había constatado que el principal problema de los actuales enfoques de la historia es su tecnicismo y secularidad que hacen que la mayor parte de la gente rehuya de conocer tantas cosas viejas que de cierta forman son nuevas.
La capacidad de don Ricardo Fernández Guardia, el más grande historiador de Costa Rica fue tal, que es casi imposible que un lector principiante se sumerja en sus obras y luego salga si sentir una pizca de interés por ahondar en el tema. Gracias a don Ricardo, y otros autores, me sumergí cada vez más en esta tarea no remunerada; la de traducir los hechos históricos de la colonia, con el mismo espíritu que quizás tiñó el corazón y la mente de don Ricardo. Y es bajo este sentimiento que me propuse redescrubrir para todos los lectores algunos hechos que presentan una verdad poco conocida para la sociedad; y es sobre los hechos de violencia o tradiciones de los autóctonos de Costa Rica; pues no es otro mi interés que el demostrar que si bien es cierto que los conquistadores españoles sometieron en la mayor parte de los casos a los autóctonos por medio del embuste, la violencia y la religión católica; también es cierto que los autóctonos era sociedades acostumbradas a practicar la violencia contra si mismos, y contra los que se les opusieran.



Muy pocos saben que a la llegada de los españoles a la región centroamericana y específicamente a Costa Rica, las poblaciones autóctonas practicaban diversos rituales que hoy podrían ser catalogados como dignas de un procedimiento nazi.

Uno de los hechos más sorprendentes y espeluznantes de la historia colonial fue registrado por el primer Adelantado de Costa Rica y Nueva Cartago don Juan Vázquez de Coronado y Anaya en una carta escrita el 4 de mayo de 1563 desde el castillo de Garcimuñoz e iba dirigida al Presidente de la Audiencia de los Confines (conocida popularmente como Capitanía de Guatemala) Juan Martínez de Landecho, y bajo la cual Vázquez de Coronado explicaba de cómo había dirigido su última expedición al territorio de Couto en la región Sur de Costa Rica, un territorio indígena que limitaba con el valle de Guaymí y con la actual cordillera de Talamanca.

El increíble y temido Fuerte de Couto

Vázquez de Coronado logró enviar a su capitán Barahona al pueblo de Couto para que fuese pacificado y el cacique permitiese devolver a la hermana de Corohore, cacique de Quepo quien se encontraba prisionera.
Para mala fortuna de Barahona, éste y sus soldados fueron sorprendidos por los bravos y temidos habitantes de Couto quienes los atacaron e hirieron a 21 españoles por medio de lanzas y flechas, atravesándoles en la mayor parte de los casos, las piernas.

"Estava asentado

en una cuchilla de sierra; era de hechura de un huevo; tenia

solas dos puertas, una al este y otra al ueste; era cercado de

dos palizadas a manera de albaradas; tenia mucha cantidad

de hoyos a la redonda; en las dos puertas tenai tres palizadas

y los hoyos en mas cantidad; avia en el fuerte ochenta y cinco

casas redondas, de cocuruchos como bovedas; cabrian en cada

una dellas quatrocientos hombres. Estaban las casas puestas

por orden no vista: junto a la puerta estava una cas, luego

delante dos y luego tres, y de tres en tres yvan ciertas hileras,

de quatro en quatro yvan otras, y a la otra puerta tornavan

a disminuyr por la misma orden hasta quedar en una, en la

proporción dicha. Hazia la parte del norte avia una quebrada

grandisima, a la parte del sur otra no menor, por manera que

solamentepodia ser ganado el fuerte por las dos puertas, y es

asi que ganada la primera casa se avia de ganar las dos se-

gundas, y ganadas estas las terceras, y asi por sus hileras

tenian hechos callejones entre las casas, por los quales se man-

davan en tal manera que las casas estavan algo altas del suelo,

tenian troneras y estavan apartes de yndustria por cercar, por

tal modo que dende ellas, sin ser vistos, herian los que entra-

van en el fuerte; y pasada la primer casa eran heridos de tres

casas, y pasadas las tres eran heridos de quatro sin ver quien

los heria. Estase printado el fuerte; holgaria que se acabase

para que lo llevasen a V. S.a Se decir que antes que viesen

gente los nuestros se vieron heridos. Tiene otro fuerte junto

aquel, que tendra doze casas: esta al mdo destotro; abra en

ambos mas de mill y seyscientos hombres de pelea.

Usan estos yndios por armas lanças de veynte palmos y

mas, varas, estolicas y rodelas de cuero crudio de anta, que

son mas rezias que las nuestras; arrodelanse con grandisima

destreza; sirvenles sus mugeres de varas y ayudanles con ellas

en las guaçabaras, y de aqui nace la fabula de decir que son

amazonas. Hacen ellas las millpas y ellos entienden tan sola-

mentes en su guerra; andan heridos por muchas partes; es

gente lucida, labranse los braços y cuerpos, son yndios de buen

juicio, tratan verdad, an despoblado con guerra mas de qua-

renta pueblos de su comarca; son riquisimos de oro, tienen

mucho algodon, mayz, frisoles, fruta, puercos de monte en

gran cantidad, muchos venados. Ay en dos rios muy caudales

que pasan cerca del pueblo mucho pescado, y en uno de que

beben gran cantidad de truchas de nuestra España. Tienen

casas en sus millpas donde encierran el mayz para traelle al

fuerte y recogense a dormir a el; duermen en hamacas y tienen

lanceras junto a ellas, de donde con facilidad pueden tomas

las armas."

Posible ubicación del Fuerte de Couto


Las matanzas y exhibición de cadáveres

Es bajo este importante hecho que Vázquez de Coronado describe uno de los pasajes más espantosos y crueles de lo que hasta hoy se tenga recuerdo; el cual reproducimos íntegramente:

"Vimos una cosa muy notable, que estan alli las auras1 tan

encarnizadas y son tan comunes las batallas y guaçabaras en-

tre los naturales, que luego como se da una grita acude tanta

cantidad dellas que casi quitan el sol, entendiendo que a de

aver cuerpos muertos en que se ceben. Tienen junto al fuerte

un cerrezuelo en que ay mucha cantidad de cabeças y cuerpos

muertos de los que en la guerra cautivan, que los sacrifican,

sino son mugeres y niños, que los tienenpor esclavos hasta

que mueren que mandan enterrallos consigo. Avia seys dias que

avian sacrificado siete yndios de la provincia de Ara y estavan

frescos los cuerpos; de razon no deben de comer carne umana;

yo lo inquiri y me lo negaron."

1Zopilotes

cortadoresdecabezas

Como se vio más arriba, los sacrificios humanos no eran nada extraños al menos en lo que respecta a esta población autóctona; ya veremos que los habitantes de Couto o de Turucaca no eran los únicos acostumbrados a practicar la violencia como modo de vida.

Continuará...

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*Notas extras

- El llamado fuerte de Couto sigue sin ser ubicado físicamente. Algunos autores han hipotetizado que se encontraba cerca de la actual frontera entre Costa Rica y Panamá. A mi parecer el fuerte de Couto ha de estar situado en las llamadas sabanas de Cabagra, en la zona Sur de Costa Rica, justo en un sector muy cercano a Potrero Grande, ya que cerca de ahí se ubica el río Grande de Térraba, el cual podría coincidir con la descripción hecha por Vázquez de Coronado sobre la existencia de un gran río.

- Entiéndase por Guaçabaras como trifulcas, motines o escaramuzas.

Bibliografía

- Cartas de Juan Vázquez de Coronado, Conquistador de Costa Rica. Fernández, Guardia; Ricado. Imprenta Viudad Luis Tasso, Barcelona, 1908.

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