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Una presencia no deseada en el mar

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Babosas[CONICET] Las invasiones biológicas causadas por la introducción de especies no nativas en comunidades marinas costeras recibieron atención creciente en todo el mundo debido a que plantean problemas para la preservación de los recursos naturales, ecosistemas, la economía y la salud humana. A lo largo de la costa de Argentina ya se han registrado más de 100 casos de especies marinas exóticas. Durante el 2009, realizando tareas de buceo como parte de una investigación ecológica en la costa de Mar del Plata, encontré una especie de babosa marina que resultó extraña para la zona. Ese organismo, que aún se encuentra bajo estudio para su identificación definitiva, fue más tarde también detectado en otras áreas de la costa Argentina.

¿Qué es un Pleurobranquio?

Los pleurobranquios son babosas (moluscos gasterópodos sin concha o con concha muy reducida) que se encuentran en las aguas marinas costeras de todo el mundo. Se diferencian de otras babosas marinas por tener una única branquia situada del lado derecho del cuerpo y fácilmente visible. Las especies del género Pleurobranchaea son de tamaño medio a grande (10 cm de largo o más) y, distinto al estereotipo de colores vistosos de los organismos tóxicos, estos son de color gris a verde pálido y poco llamativos. Las especies de este género son muy similares entre sí y por lo tanto muy difíciles de identificar basándose exclusivamente en su morfología. Aunque habitualmente se las halla bajo el mar, también puede encontrárselas entre las rocas que quedan descubiertas durante la bajamar. Son muy voraces y carnívoras oportunistas, que cazan activamente una gran variedad de presas. Hasta hoy sólo se conocía una especie del género en la Argentina: Pleurobranchaea inconspicua.

Una serie de eventos (des)afortunados

Desde el primer hallazgo en el Puerto de Mar del Plata en 2009, una serie de eventos fortuitos pero interrelacionados se sucedieron de manera poco frecuente en investigación. Una vez confirmado que se trataba de una especie exótica, se la pudo identificar como Pleurobranchaea cf. maculata, una especie originaria de Nueva Zelanda y Australia. Mientras esto sucedía en Argentina, varios perros aparecían muertos y muchos más con síntomas de neurotoxicosis en las playas de Auckland, Nueva Zelanda. Pocos meses más tarde los investigadores neozelandeses indicaban precisamente a P. maculata como la responsable de la intoxicación y reportaban altos niveles de tetrodotoxina (TTX) en sus tejidos. Al saber esto, inmediatamente se coordinó en conjunto con Alejandra Goya del departamento de toxinas marinas del SENASA, y Sandra Obenat del Instituto de investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET-UNMdP) la realización de bioensayos con los especímenes de Argentina con el fin de determinar si también contenían neurotoxinas. Como los primeros resultados, publicados en enero de 2015 en el New Zealand Journal of Zoology, mostraron que las babosas efectivamente contenían neurotoxinas poderosas, rápidamente se comenzaron estudios comparativos tanto de las babosas de Mar del Plata como de otras áreas costeras de Argentina donde fueron detectadas.

babosa-de-marBabosa de mar. Credits: Eduardo.

Perspectiva

En el artículo que se publicó en el New Zealand Journal of Zoology y que tuvo impacto mediático internacional, se describieron las diferencias más notorias entre esta especie introducida y la conocida previamente, alertando sobre la presencia de neurotóxicos en sus tejidos y se previno sobre el potencial peligro para la salud humana y los ecosistemas locales. La aparición de este pleurobranquio llevó a la formación espontánea de un grupo de trabajo que a la fecha involucra, entre otros, a los investigadores Evangelina Schwindt y Alejandro Bortolus del CENPAT-CONICET; Fabrizio Scarabino de Uruguay; y Andrew Turner del Food Safety, CEFAS, de Inglaterra. Este grupo está trabajando actualmente en tres cuestiones: 1) identificación molecular de todas las poblaciones halladas en la costa argentina y uruguaya, 2) identificación y cuantificación del compuesto neurotóxico, y 3) su interacción con los ecosistemas locales.

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